EL SIGLO XX. EL TRIUNFO DEFINITIVO DE LA DEMOCRACIA
La crisis política española de comienzos del siglo XX, se tradujo en Valencia en una tensión creciente entre quienes aceptaban “el dominio cultural del castellano y el monopolio político del Estado” (Llorente) frente a quienes, como Blasco Ibáñez, trataban de hacer compatible el jacobinismo centralista con una crítica social de fuerte contenido local. Este tipo de actitudes encontraron especial eco en posturas republicanas que tuvieron fuerte arraigo en los núcleos urbanos. Otros trasladarían a Madrid el escenario de su actividad para convertirse, como ocurrió en el caso de Azorín, en un elemento de enlace entre la periferia y el centro. Ese sería el sentido de su pequeño tomo de evocaciones titulado Valencia, que se publicaría en 1941.
En ese marco de fructífera tensión entre la periferia y el centro, Valencia tendría un destacado papel en los diversos momentos críticos que se vivieron durante el primer tercio del siglo XX y, ya en la Dictadura de Primo de Rivera, fue el escenario de algunos intentos de restablecer un sistema democrático, que sólo se abriría paso con la segunda República, a la que Valencia aportaría elementos autonomistas democráticos y moderados. Ese sería el carácter, pese a las diferencias políticas que pudiera haber entre ellos, de figuras como Ricardo Samper, Joaquín Chapaprieta o Luis Lucia.
Durante casi un año de la guerra civil española Valencia fue capital de la República y, en aquel clima de retaguardia, se desarrolló una intensa actividad cultural que tuvo su momento culminante con el Congreso de Escritores antifascistas.
El franquismo supuso una política de fuerte control social y político que, en el plano estrictamente económico, pareció inclinarse por una política autárquica muy dañina para la economía valenciana. Sin embargo, la sociedad civil no tardaría en demostrar su vitalidad, que permitiría restablecer la verdadera fisonomía de la estructura económica valenciana a la vez que recuperar, en la medida en que era posible, sus fiestas populares y algunos elementos esenciales de la identidad valenciana, que era ya muy viva desde comienzos de los años sesenta (Fuster).
La recuperación de la democracia en España, a partir de 1975, se convertiría en una gran ocasión para demostrar la vitalidad de esta sociedad, patente en sus obras civiles y en la manera de afrontar retos como el que representa, en estos días, la celebración de la America’s Cup.